Nov 12, 2018
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2 a 2 la primera Súperfinal en “La Bombonera”

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Boca y River empataron ayer tarde 2 a 2, en el partido de ida por la Superfinal de la Copa Libertadores de América, disputado en “La Bombonera”. Correcto arbitraje del chileno Tobar. La revancha será el sábado 24 en el Monumental.

Fue un 2-2 muy intenso, en el que los dirigidos por Marcelo Gallardo supieron sobreponerse estando en dos ocasiones abajo en el marcador. Ramón “Wanchope” Ábila (34’PT) abrió la cuenta para los de Guillermo Barros Schelotto; pero Lucas Ptratto (35’PT) lo igualó rápidamente.

Antes que finalice la primera etapa, Darío Benedetto (46’PT) volvió a poner arriba al “xeneize”; sin embardo el zaguero boquense Carlos Izquierdoz (26’ST), en contra de su valla cuando era exigido por Pratto en una pelota parada, anotó el definitivo empate ara el “millonario”-

Valió la pena esperar 58 años. Valió la pena no haber tenido nunca antes una final de Copa Libertadores entre Boca y River. Valió la pena todo lo que se habló en al previa, las idas y vueltas, las reprogramaciones. Y hasta la suspensión del sábado por lluvias. Porque el partido de ida fue vibrante, apasionante. Una final de copa digna para la expectativa que se generó.

El 2-2 en la Bombonera se puede contar de muchas maneras, pero en ninguna se puede dejar de lado la entrega y la intensidad de los dos equipos, que jugaron nada más y nada menos que un Superclásico con un título como la Libertadores en el medio.

El Millonario fue más en el primer tiempo. Sin embargo, se fue al entretiempo perdiendo 2-1. Tuvo varias situaciones para convertir, pero Agustín Rossi fue una de las figuras del Xeneize, atajando por lo menos cuatro oportunidades claras.

Y cuando no lo merecía, el local lo empezó ganando. A los 34 minutos, Franco Armani dio un rebote y Ramón Ábila no lo perdonó, con un zurdazo que lo fusiló pese a una floja respuesta del arquero. Boca era Boca. Lastimando cuando parecía dormido.

Pero el golpe de efecto le duró poco a los del Guillermo Barros Schelotto. Porque casi en la jugada siguiente, Lucas Pratto encaró por derecha y definió cruzado para enmudecer la cancha. Era más justo.

Cuando la primera parte se iba, Darío Benedetto (quien ingresó por el lesionado Cristian Pavón) peinó un tiro libre frontal que River defendió mal y que Armani no logró salir a rechazar. La Bombonera era una locura otra vez.

El complemento se jugó más con la cabeza. Entendiendo que falta la vuelta en el Monumental el sábado 24 de noviembre. La estrategia empezó a ser más importante que el resultado. La línea de cinco defensores que el Muñeco planteó se rompió con la salida de Martínez Quarta (entró Ignacio Fernández), y rápidamente surtió efecto: otro tiro libre al área de Boca se desvió en Carlos Izquierdoz, quien en contra puso el 2-2 a los 15 minutos.

Y de un partido de fútbol pasamos a uno de ajedrez. La igualdad le puso un bálsamo a los nervios de River, le dio inquietud a los hombres de Boca y dejó heridos a los hinchas. Pero todos entendieron que hay 90 minutos más, que esto no se termina acá y que un error sí podría complicar (y hasta condenar) la definición en el Monumental.

Como quien no quiere la cosa, el Pipa Benedetto tuvo el triunfo en sus pies sobre el final, pero Armani se reivindicó de una tarde que no soñó y tapó lo que era una caída casi segura.

Nada definido. Serie abierta. Lo que siempre se dice después de un resultado así, claro. Y lo importante es que futbolísticamente, la primera Superfinal valió la pena.

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