El tema no es Ancasti: es el tiempo electoral 2017

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Cuando se va a cumplir un mes de la desaparición y posterior muerte del intendente de Ancasti, la puja política, increíblemente, ha virado hacia un departamento que, desde la restauración de la democracia, tuvo escaso o nulo peso específico en materia electoral. Muy por el contrario. Sus guarismos, que variaron entre 1.500 y 1.900 votantes durante 33 años, apenas servían para completar las estadísticas y preguntar, por las dudas, si el senador pertenecía a una de las dos fuerzas tradicionales de Catamarca aunque, de veras, nunca haya definido nada. Lo único distintivo de este pueblo de escaso progreso demográfico fue que, durante 20 años, se convirtió en un pequeño feudo de la familia Boggio. Ricardo, el jefe, fue senador provincial por cinco mandatos (1993, 1997, 2001, 2005 y 2009), perdiendo el invicto el 27 de octubre de 2013 cuando, por escasos 59 votos, lo superó el peronista Aldo Contreras. Su esposa, Blanca Azucena Reyna, en tiempos del reinado radical, resultó intendenta en tres oportunidades (2003, 2007 y 2011) hasta que, en 2015, en manos del infortunado Antonio Genaro Córdoba, "El Gato”, por apenas 27 sufragios, mordió el polvo de la derrota. Antes de los 20 años del Frente Cívico, en gestiones saadistas, hubo un ligero predominio peronista en el reparto de lo que, lo repetimos, nunca fue más que un puñado de votos extendidos en un amplio y despoblado territorio allende la Cuesta del Portezuelo. A partir de 2011, las cargas se equipararon. Reyna conservó dramáticamente la intendencia y en el 2013, Flavia Montani -la actual concejal- apenas pudo quedarse con la banca por una diferencia de tres votos (sí, ¡tres votos!), que consiguió con la ayuda del "barrionuevismo” que le birló 43 sufragios al conjunto del peronismo. Fue el anticipo de lo que sería el 2015, pero el destino quiso que el Frente Cívico tuviera la oportunidad, antes de que se cumpliera el mandato de Córdoba, de recuperar el municipio. El culebrón del verano Mientras el oficialismo y la oposición preparaban sus armas para encarar el año electoral, como es notoriamente público, Antonio Córdoba fue víctima de la desgracia por todos conocida y Ancasti se convirtió en el centro de discusiones, polémicas y pujas que, cuando se está venciendo el plazo para convocar elecciones complementarias -la ley habla de 30 días-, se mantienen hasta la fecha. Las internas que existen dentro del gobierno, que no son pocas, y los preparativos opositores para estructurar una oferta electoral sin fisuras -tarea complicada, ciertamente- quedaron disimulados gracias a los acontecimientos de Ancasti. Desde el 28 de febrero, objetivamente, no hay intendente. El que parecía ser, Rodolfo Santillán (Frente Cívico), dice que no es y los que, de hecho, lo son (los funcionarios nombrados por Córdoba a fines de 2015) opinan que le corresponde asumir a Santillán, que se niega a hacerlo. Un auténtico galimatías que, día a día, nos presenta alternativas que sirven para disimular la pelea de fondo. Así es que hubo reuniones en la cuna natal de Ramón S. Castillo -el presidente argentino que diera Catamarca-, en la Casa de Gobierno, en los comandos partidarios, en los bares céntricos de Capital y hasta en la mismísima "Reina del Plata”. En todas estas instancias se habló mucho y se avanzó poco. Cuando parecía que la armonía entre las partes recuperaba terreno, se incorporó al debate el juez electoral provincial, Raúl Guillermo Cerda, que en una suerte de sugerencia señaló que se podía programar la elección sin necesidad de apelar a las Primarias que, como son obligatorias, dispararon nuevas controversias. De esta manera, el jueves, que era la fecha indicada para disponer el reordenamiento de un municipio en estado de acefalía, fue sólo un capítulo más de esta pequeña batalla que, calculan los sectores en pugna, puede marcar alguna tendencia. Nada más perverso. 2.000 votos en un universo de más de 250.000 es arenilla en el desierto. Aparte, las diferencias de las tres últimas elecciones fueron ínfimas -una, lo repetimos, fue por tres votos-, por lo tanto nadie se puede considerar dueño, ni mucho menos, de las serranías de Ancasti. Y como seguir con este culebrón de fines del verano 2017, las partes han pasado las deliberaciones para el lunes venidero. Ojalá se logre, rápidamente, un acuerdo que, más allá de la fecha de elecciones, se ajuste a la ley. La intendencia interina le corresponde al presidente del Concejo Deliberante -o sea al radical Santillán- y tiene que haber Primarias, a no ser que las distintas fuerzas políticas se pongan de acuerdo en consensuar un nombre por cada una de ellas, lo que evitaría el trámite previo. Ahora bien, si en el peronismo, el radicalismo o cualquier otro partido o alianza hay dos o más precandidatos, no queda más opción que llamar a las Paso en los tiempos que marca la ley respectiva. Querer forzarla, con explicaciones leguleyas, será continuar un juego que no merecen los respetables ciudadanos de Ancasti. La disputa de fondo Mientras Lobo Vergara, Augusto Barros, Gustavo Saadi y otros conspicuos actores de la política lugareña "precalientan motores” con los sucesos de Ancasti, los preparativos para la pelea de fondo cobran ritmo de frenesí y se suceden las reuniones para, teniendo en cuenta que restan sólo 91 días para el cierre de las listas, ir buscando definiciones. En el Frente Cívico y en la alianza Cambiemos no se mueven las fichas de un tablero sumamente complicado, pero los impulsores están atentos a los mínimos movimientos para contragolpear. Deslizar un peón, ajedrecísticamente hablando, puede precipitar un torbellino de maniobras. El pedido de ampliar las representaciones dentro de la Mesa Provincial de Cambiemos, como ya lo dijimos, no es apertura democrática ni gesto de confraternidad. Todo lo contrario. Detrás de lo que se presenta como una cándida solicitud, se mueve el castillismo que pretende imponer condiciones a la hora de repartir candidaturas. Si no cuenta con los votos necesarios, las tajadas que pueda capturar dejarán en sus filas una retahíla de descontento. El problema es que si logra mayoría, también habrá mar de fondo porque, por más que lo nieguen, la UCR sufre un proceso de atomización como no ocurría desde la década del ‘80. Ya lo podrán apreciar los socios del PRO o de la Coalición Cívica, formación esta última que propone al diputado Rubén Manzi (¿será el hombre de 2019?) como prenda de unidad. En el oficialismo, de igual forma, nada está dicho. Que se cuente con el poder de ser gobierno, por lo que sabemos, no evitará el jaleo. Al respecto y solamente para dar una idea de las negociaciones que se llevan adelante, el jueves a la noche registramos por lo menos cuatro reuniones entre dirigentes, líneas internas o líneas por nacer. Dos de esos quinchos se efectivizaron en departamentos vecinos a la Capital y los restantes en la misma Capital. Uno de ellos, en el sector sur de San Fernando del Valle, habría contado con la presencia de la gobernadora y titular del Partido Justicialista, Lucía Corpacci. Varios de sus funcionarios, los más cercanos, habrían escuchado la "sugerencia” de parar las internas y atender, en todas sus formas, a la gente. Sobre el horizonte político, únicamente habría quedado en claro que las listas se integrarán con quienes tengan buena imagen, lo que surge de encuestas y respondan a la Casa de Gobierno. El mensaje no pudo ser más claro: no habrá lugar para los librepensadores que juran y al rato nomás, se olvidan cómo y por qué fueron elegidos. En síntesis, la partida política comenzó hace semanas y está en pleno desarrollo. Ancasti, ¡bendito seas!, por ahora es una pantalla. "El Gato” Córdoba no lo hubiera imaginado nunca. fuente:elesquiú.com
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