Las lágrimas de Juan Chelemín

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Juan Chelemin Desde las cumbres más altas de los cerros de Zapata se le habrían caído algunas lágrimas al cacique Juan Chelemín, como se nos cayeron a muchos catamarqueños, y especialmente a los belichos como yo, al leer la nota del diario LA UNION del 22 de julio pasado, “del abandono y extrema pobreza en que viven los habitantes de Carachi, de Aguas Calientes, Departamento Belén, comunidad indígena diaguita calchaquí”. La misma sangre de nuestro bravo y valeroso cacique que defendió la dignidad de su pueblo ante el avasallamiento extranjerizante que extraía el oro, la plata y el manganeso de nuestras montañas. Allí, esa zona donde se movía el gran cacique, después de más de 500 años, su gente todavía duerme en el suelo sobre cueros de animales; “reciben 120 pesos cada 3 meses y viven en situación de extrema pobreza”. Así lo describe el desgarrador informe del diario sobre ese lejano lugar belicho. Este lamentable abandono que están viviendo nuestros hermanos se da precisamente cuando la explotación minera de Bajo La Alumbrera está llegando a su fin. Me pregunto qué hicieron los intendentes de la zona con el dinero de las regalías, que estaba destinado a paliar la pobreza y mejorar las condiciones de vida de los pobladores. Estos ni siquiera tenían agua, pero sí la tenía la empresa de La Alumbrera, que bombeaba la pasta por el mineraloducto hasta Tucumán en un trayecto de 180 kilómetros. Estos “pobladores recibían a los 8 meses los medicamentos y las partidas de leche para las mujeres embarazadas y niños menores” de 2 años. Así lo dice el informe; creo que habría que interpelar públicamente a los intendentes y funcionarios que corresponda, por este abandono de 150 personas. Recuerdo cuando el ex presidente Menem, ante la exigencia del ex gobernador Arnoldo Castillo, para que se construya una planta clasificadora de materiales y no el mineraloducto, por la excesiva utilización del agua, y que la empresa deje el 10 % de las utilidades, en vez del irrisorio 2,5, después de deducir costos. Hoy, conociendo los dividendos de la empresa, nos damos cuenta cuánta razón tenía don Arnoldo. La respuesta del ex presidente fue tan firme como ésta: “O se hace como plantea la empresa o no hay plata para sueldos ni para obras”. La misma tesitura de los gobiernos nacionales, que esquilman a provincias chicas como la nuestra, y si no, analicen la actitud del kirchnerismo, de sacarle el 15 % de coparticipación federal a las provincias, para tener una caja multimillonaria, que les sirvió para dejar millones de dólares en un convento; para que Milagros Salas saque bolsones de dinero de los bancos con destino incierto, y que la señora de Bonafini no informe ante el juez por qué no se construyeron más de 600 casa a través del sueño compartido que nunca compartió. Felicito a la organización “Quebradas y Puna”, por haber contribuido a que llegue el agua a Carachi, y Dios quiera que estos comprovincianos dejen de sufrir y se haga justicia. Omar Dimas Tula Gerván DNI  6.961.117
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