Se reanuda nuevamente el juicio contra el minero santamariano

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    En ámbitos del Tribunal Oral en lo Criminal Federal está previsto que se reanude el debate contra César Rodríguez, el empleado minero que está acusado de haber robado insumos de Farallón Negro para posteriormente colocar una dinamita que terminó con la vida de María Justina Flores (65) y de Nery Ángel Santos (26).
Hoy está programado que la audiencia comience a las 16 y que continúe el desfile de testigos. El debate contra Rodríguez había comenzado el martes pasado en la sala del edificio de calles San Martín y Sarmiento. El sujeto dio la versión de lo ocurrido ese 26 de septiembre y negó haber sido quien colocó el artefacto explosivo en el automóvil que estaba en la cochera de la casa de la familia Flores, en el centro de Santa María.
    Rodríguez, quien tiene como abogado al defensor oficial Hugo Visozo, mencionó que un tal "Richard", un curandero peruano lo contactó para solicitarle que sacara cartuchos de Gelamón del emprendimiento minero. El hombre, oriundo de Los Nacimientos, en el norte de Belén, contó que ese Richard -no localizado en la investigación- le había entregado un cuaderno con las instrucciones correspondientes.
Mientras el Tribunal lo escuchaba con atención, el imputado expresó que el día del doble homicidio había salido de trabajar y que durante el mediodía -horario de la detonación- él se encontraba en viaje hacia su casa. "Una amiga me escribió un mensaje contándome que mi ex suegra había muerto".
    Las sospechas sobre Rodríguez recayeron a partir de conocerse que existía una pésima relación con Flores, quien era la madre de su ex novia, que en ese momento tenía 16 años. La joven, tras un mes de noviazgo, había decidido darle fin a la relación, lo que implicó que el minero la asediara mediante mensajes de texto.
    "Me dijo que iba a ser mi peor pesadilla", explico su ex Érika Maza, cuando declaró el martes ante el Tribunal.
      La joven relató que tenía conocimiento de que Rodríguez y su padre -también minero- sabían sobre explosivos y que años atrás habían abierto un camino en la montaña. Esta versión servía para echar por tierra lo manifestado por el acusado, quien dijo que nunca había manipulado ese tipo de material, y que su trabajo en la mina era como maquinista.
    El explosivo estaba colocado en una caja que había sido dejada sobre el capot de un auto Ford Fiesta. Producto de la detonación, Flores y el remisero Santos murieron en el acto.
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