Ya cumplió diez meses el atraso cambiario que impulsa el Banco Central

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Ya cumplió diez meses el atraso cambiario que impulsa el Banco CentralEl tipo de cambio de referencia (TCR) que publica a diario el Banco Central (BCRA) cerró el viernes a $ 9,036. Ese precio da cuenta de que el peso se depreció nominalmente contra el dólar 0,25% en la semana pasada y 0,95% en los últimos 30 días. Es, ni más ni menos, que el mismo ritmo al que viene haciéndolo -con casi nulas alteraciones- desde septiembre del año pasado.

En ese entonces, el Gobierno decidió volver a pisar el precio del dólar, en un intento por tener un tránsito hacia el fin del actual mandato sin nuevas corridas cambiarias y, a la vez, insistió con usar el tipo de cambio como "ancla inflacionaria" (para bajar el nivel de indexación promedio que venían registrando los precios). Diez meses atrás, el TCR se ubicaba en $ 8,4022, es decir, 7,5% por debajo del valor actual. La velocidad crucero del ajuste cambiario rememora, en el imaginario de los más avezados, la traumática experiencia de la "tablita cambiaria" de los primeros años de la última dictadura. Se trataba de un plan de ajustes mínimos y periódicos en el tipo de cambio (también para tratar de apaciguar la inflación) que arrancó en 1978 y duró hasta 1981, provocando una notable pérdida de competitividad sobre la economía, al punto de implosionar luego con graves consecuencias económicas y sociales y dando lugar, por caso, a una posterior manipulación del índice de precios (el IPC "descarnado" de Lorenzo Sigaut) para disimular los costos inflacionarios que existían y sólo habían sido diferidos.
 
Como se verá, dos recetas a las que también apeló en los últimos años la administración kirchnerista. Los economistas no dudan en calificar este ritmo de ajuste como "electoral". Es un modo, nada casual, de describirlo. Hay un antecedente muy cercano: en los meses previos a la anterior elección presidencial (en octubre de 2011, la que habilitó a Cristina Kirchner a un segundo mandato con el apoyo del 54% del electorado) hubo un experimento similar. Entonces, el TCR pasó de $ 3,9832 a $ 4,2345 entre fines de enero y el viernes previo al comicio de 2011, es decir, tuvo un ajuste del 6,3%, dando lugar a una fiesta de consumo (en especial por bienes dolarizados como automóviles, electrodomésticos de todo tipo y viajes al exterior), que una semana después del paso por el cuarto oscuro -cuando hubo que empezar a pagar esa cuenta- derivaría en la imposición del cepo cambiario, aun cuando en el mundo el dólar era un bien extremadamente barato y sumamente ofrecido . El economista Miguel Bein definió magistralmente aquella decisión, que implicó subir sensiblemente y de manera artificial el salario real en dólares sin correlato alguno con la productividad, como un "macrocidio". Vale recordar que, desde 2011, la economía sólo crece para las estadísticas gubernamentales, ésas en las que se apoyó, por caso, la presidenta Cristina Kirchner para proclamar hace unos días en un foro internacional que la pobreza en el país afecta a menos del 5% de la población. Claro que Bein hizo las declaraciones en público y desde su condición de asesor de Daniel Scioli, precandidato oficialista a la presidencia, lo que le valió ser colocado bajo el "cono del silencio" desde entonces por aquello de que las campañas electorales no están precisamente pensadas para decir verdades, sino para repetir las fórmulas que puedan producir una suerte de encantamiento en el electorado que al menos dure hasta que cierren las urnas el día de votación. Los economistas mantienen diferencias en el cálculo del atraso cambiario, pero ya nadie pone en duda su existencia y el gravoso stress que causa, principalmente en las economías regionales. En especial, porque a diferencia del experimento en su versión 2011, el actual congelamiento cambiario se da en momentos en que Estados Unidos comenzó a desarmar la política monetaria híper expansiva con que logró salir de la crisis de las hipotecas que estalló en 2008 (ya dejó de inyectar fondos y se prepara para adosar a su moneda algo de tasa de interés), lo que disparó desde hace precisamente 10 meses una apreciación de esa moneda, que no hace más que agudizar el proceso de apreciación artificial del peso . "Con el fortalecimiento del dólar a nivel global y la mayor inflación de nuestro país respecto a sus socios comerciales, el peso perdió 25% de competitividad en los últimos doce meses. Así las cosas, la Argentina perdió dos grandes aliados que tuvo en la última década y que permitieron esconder las falencias que mostraba el modelo. Así agudizó su debilidad externa", advierte la consultora Analytica, algo que queda a la vista en la pobre performance de las exportaciones argentinas, más allá del nuevo récord sojero. "La apreciación del peso en estas circunstancias se hizo mucho mayor. Hay que tener en cuenta, por ejemplo, que sólo en el último año el real se depreció 42% contra el dólar, mientras el ritmo de depreciación del peso en igual lapso fue del 12,5%", apuntó en su último informe el economista Nicolás Dujovne. "A eso se agrega -prosigue- la depreciación del 24% del euro frente al dólar; es decir, estamos hablando de dos monedas que explican algo más de las operaciones de nuestro comercio exterior", detalló. Su informe, titulado "Toda la carne al asador", al poner ese atraso en perspectiva histórica llega entonces a una observación inquietante: el tipo de cambio real multilateral (TCRM) no había estado tan apreciado desde el fin de la convertibilidad. En la consultora Ledesma & Asociados, donde llevan adelante un periódico monitoreo del TCRM, coinciden: "El tipo de cambio real multilateral volvió a apreciarse en abril y lleva 15 meses consecutivos haciéndolo, aunque esa apreciación se desaceleró algo dada la recuperación del euro y el peso chileno, entre otros. Pero eso no impidió que alcance su nivel más bajo desde diciembre de 2001, quedando muy cerca del nivel promediado entre la crisis brasileña de 1999 y el traumático fin de la convertibilidad".   Fuente.lanacion.com.ar
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