Daniel Delfino junto con la comunidad de Laguna Blanca

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Daniel Delfino junto con la comunidad de Laguna Blanca En esta oportunidad, les presentamos una entrevista realizada al Magíster Daniel D. Delfino, quien se desempeña actualmente como director del Instituto Interdisciplinario Puneño (INIP-UNCA) y del Museo Integral de la Reserva de BiÓsfera de Laguna Blanca (UNCA). Como ustedes saben, Laguna Blanca es una localidad ubicada en el norte del departamento de Belén, provincia de Catamarca. Es un territorio habitado desde hace miles de años, donde abundan las pampas de altura por encima de los 3.200 m.s.n.m., separadas por cordones serranos, donde se hallan ciénagas o vegas de altura y extensas planicies surcadas por algunos cursos de agua. Recibe su nombre por la coloración de sus aguas y representa una transición entre la puna salada y puna seca o semiárida. Los trabajos realizados por Daniel Delfino y su equipo junto a las comunidades locales de este territorio han apuntado siempre a un proyecto de cambio y emancipación social. Daniel Delfino posee una larga trayectoria en investigación, docencia y extensión universitaria. Se recibió de Licenciado en Antropología en la facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata, y obtuvo su título de Magíster en Arqueología Social de Iberoamérica en la Universidad Internacional de Andalucía, España. Es docente de la Escuela de Arqueología de la Universidad Nacional de Catamarca desde 1993, y actualmente se desempeña como Profesor Titular de las cátedras de Museología y Arqueología en la Sociedad Contemporánea/Arqueología Pública. Desde principios de los ‘90, dirige varios proyectos de investigación y desarrollo en la Puna de Catamarca, coordinando a diferentes becarios y tesistas de maestría, de licenciatura y de doctorado. Contanos sobre cuál fue tu primer acercamiento a la comunidad de Laguna Blanca, y qué te llevó a interesarte y enamorarte de este lugar. - Desde mediados de los ‘80, me interesé por una práctica arqueológica distante del cientificismo, veía más interesante afrontar la producción de conocimiento arqueológico articuladamente, con la búsqueda de respuestas a necesidades concretas emanadas de las comunidades locales, donde se desenvolvían las investigaciones arqueológicas. Junto con un colega, Pablo G. Rodríguez, vimos que la praxis científica no podía seguir eludiendo en sus objetivos el abordaje de la utilidad social del conocimiento. En este sentido, definimos el concepto de Arqueología Socialmente Util, es decir, una arqueología que con una actitud crítica al statu quo, reflexiva y politizada, se comprometía con un proyecto de cambio y emancipación social de las clases subalternas. Para ello, veía necesario que los restos arqueológicos guardasen una relación de cotidianeidad con las comunidades locales. Muchos contextos ofrecían estas posibilidades, pero fueron los recuerdos de un viaje que realizara a Catamarca en 1972 (donde se selló mi pasión por la arqueología), y la sugerencia de uno de mis profesores del Museo de La Plata, el doctor Rodolfo A. Raffino, lo que me decidió a pensar en Laguna Blanca. Con estas “ideas en la mochila”, llegué en 1992 como becario del Conicet a esta porción puneña del Departamento Belén, para abordar un estudio etnoarqueológico del sistema de asentamiento, en relación con la producción agrícola. Acceder a esta región catamarqueña en aquel tiempo no era algo sencillo, la frecuencia del transporte público era muy espaciada, sólo un viejo colectivo urbano que ya había sido dado de baja para los recorridos platenses y que parecía poder ajustarse a las travesías rurales altoandinas. Este Mercedes llegaba los viernes y salía los lunes -claro… si es que antes entraba a Laguna Blanca-. Así llegué para un 25 de mayo, y casi desde ese mismo momento sentí que efectivamente éste era el lugar, éste era mi lugar. Tuve un apoyo incondicional de los empleados de la dirección provincial de Ganadería y Fauna, de don Rocha y doña Simona, y de tanta gente que como don Félix o doña Rosa, me brindaron siempre una mano cada vez que me encontraba en algún problema. Al comienzo casi todo me era extraño, ese territorio puneño guardaba muchos secretos, prácticas tradicionales para mí desconocidas, modos de nombrar particulares -términos deudores de varios troncos lingüísticos originarios-, códigos y lecciones que poco a poco fui aprendiendo -y que aún hoy sigo tratando de entender-. Una de las cosas que más me impactó fue la constante laboriosidad de su población, trabajadora como pocas, no estaban dispuestos a regalarle al domingo ninguna concesión. ¿En qué consiste el Museo Integral de la Reserva de Biosfera de Laguna Blanca? - En principio, debo decir que el Museo Integral depende del Instituto Interdisciplinario Puneño de la Universidad Nacional de Catamarca. El mismo es la puesta en práctica de un concepto acuñado en 1972 en la Mesa de Santiago de Chile, donde se acordó que los museos debían ser instituciones al servicio de la sociedad. Este cometido en la práctica pretendió ajustarse a una realidad situada, como es la del territorio de la Zona de Transición o de Usos Múltiples de la Reserva de Biosfera de Laguna Blanca, en la porción Norte del Departamento Belén. Estamos hablando de una extensión de miles de kilómetros cuadrados con una variedad ambiental y una riquísima biodiversidad, y una historia humana que probablemente se remonta a cerca de los 10.000 años atrás, donde quienes poblaron la región supieron ir ajustándose a condiciones ambientales cambiantes, y supieron instrumentar lógicas económicas diversas, desde economías basadas en la caza y recolección de plantas y de otros recursos necesarios para procurarse la existencia, hasta formas basadas en la producción agrícola-ganadera, logrando formas organizadas de aprovechamiento de los recursos de manera sustentable (como, por ejemplo, impulsando los “chakus” o capturas comunitarias de vicuñas). Pero la región también recibió el impacto de varias irrupciones imperiales, como fueron la avanzada incaica y la colonización hispánica. Las improntas de las distintas historias quedaron reflejadas en los vestigios arqueológicos y en las historias retratadas en las piedras, cuyos rastros se evidencian también en el sustrato lingüístico local. Con esta inigualable historia y las variadas marcas en el territorio es que tuvimos que elegir elementos que de algún modo reflejen las particularidades regionales. La característica más distintiva del Museo Integral es que se trata de un museo territorial, es decir que el “edificio” del museo es el territorio de la Reserva de Biosfera de Laguna Blanca. Por ello, los componentes del Museo son su Centro de Recepción e Interpretación, el Parque Botánico Andino “Paul Günther Lorentz” (incorporado a partir del 1º de octubre de 2007, en la Agenda International para la Conservación de los Parques Botánicos, iniciativa lanzada por el Botanic Garden Conservation International-UK); los museos de sitio en preparación, los circuitos por los sitios de Arte Rupestre donde pueden contemplarse paneles del Estilo I “Figurativo Fantástico o de Laguna Blanca”, y los Sitios Panorámicos de Interpretación (SIPI), que posibilitan adentrarse en la comprensión de procesos naturales o culturales. ¿Qué representa para la provincia de Catamarca, en el nivel de investigación, patrimonio y turismo, contar con este gran museo? - Otro de los principales objetivos del Museo Integral es poner en valor la única Reserva de Biósfera que la provincia posee, es decir, una reserva que cuenta con aval de la Unesco, suscripto bajo el Programa MAB (Man and Biosphere) del Hombre y la Biósfera. Además, sin lugar a dudas representa una apuesta novedosa y estimulante darle contenido real desde la práctica, que hemos encarado desde el Instituto Interdisciplinario Puneño de la UNCA, mostrando que es posible trazar una vinculación entre la producción de conocimiento científico y el desafío museológico de articularlo, con acciones que inciden de manera concreta en el territorio. En este sentido, hemos impulsado una serie de proyectos -muchos de ellos en ejecución-, como fue la realización de los estudios de regulación dominial en Laguna Blanca; las acciones para el fortalecimiento de grupos asociativos de agricultores; la instalación de las parcelas agrícolas y la construcción de un invernadero Tipo Huaraco, para abastecer un banco de semillas de cultivos andinos; la construcción del mercado artesanal textil con espacios para la producción, exposición y venta de artesanías; los trabajos con las escuelas primarias y la elaboración de folletería y cuadernillos educativos (se los puede bajar de manera gratuita a través de nuestra página WEB: http://lagunablanca.unca.edu.ar); la formación de guías locales en turismo ético; los talleres de plástica dirigidos a la población infantil, y desde luego el diseño del guión museológico que pone en valor las fortalezas locales para contraponerlas a muchos de los prejuicios más comunes con que se caracteriza a la región y su gente. Creo que éstos son algunos de los canales a través de los cuales se vino produciendo una interacción sostenida entre las comunidades locales, las instituciones que operan en la región, como  la municipalidad de Villa Vil, la dirección provincial de Ganadería y la Universidad de Catamarca. Teniendo en cuenta la importancia que reviste la arqueología como disciplina científica en la construcción de la identidad cultural de un pueblo ¿Qué utilidad social tiene todo el conocimiento que vienen generando desde hace ya varios años, junto a la comunidad de Laguna Blanca? - En la medida que las propuestas del Museo Integral pueden fundirse convirtiéndose en una suerte de “escenario”, donde se desenvuelven las prácticas de los habitantes de la región, y que, interpelando la realidad en la que se inscribe, de algún modo contribuye en la formación de la conciencia de las comunidades a las cuales sirve, entonces su principal desafío estará siendo cubierto. En este sentido, el Museo Integral no sólo aspira a representar aspectos del presente y el pasado de los sujetos subalternos, sino que busca generar los medios de apropiación de este pasado en tanto espacio dialógico de articulación con ellos y sus intereses políticos y económicos, en el continuum de un proceso de desarrollo histórico: su finalidad, consiguientemente, es la de contribuir a la reconstrucción de un sistema de referencias, en el que los sujetos puedan reafirmar sus derechos políticos e históricos sobre su territorio y sus recursos, instrumentando el conocimiento producido conjuntamente en el Museo Integral, en vistas al desarrollo de la organización cultural, la autogestión comunitaria y la transformación política de relaciones históricas de dominación, en la que están sumergidos los sujetos subalternos.   Fuente:http://www.launiondigital.com.ar/noticias/162215-trabajo-daniel-delfino-junto-comunidad-laguna-blanca
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