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El sueño de Luis a un paso de hacerse realidad

Luis tiene 16 años y vive en la pequeña localidad de Las Barrancas, en el norte chico de Belén. Como todos los adolescentes que se aprestan a enfrentar los desafíos que les plantea la vida, Luis tiene un sueño. Pero no es un sueño de esos que suelen obsesionar a los chicos de su edad, afines a sus expectativas deportivas, artísticas, o vinculados con sus relaciones personales. Desde chico soñó, y lo sigue haciendo ahora, con tener en la escuela de su pueblo una biblioteca llena de libros.

“A mí me hubiera gustado tener una biblioteca llena de libros para leer (…) me tengo que conformar con leer revistas o diarios viejos que la gente me regala. Pero eso es un sueño que algún día lo voy a cumplir”. De esa manera explicó Luis su deseo de siempre. Lo hizo a través de un trabajo literario que presentó en una jornada del programa “La UNCA+Cerca” en ese departamento del Oeste provincial.

La pasión por los libros del adolescente, que proviene de un hogar muy humilde y que aspira a estudiar Letras en la Universidad, es algo muy inusual en una época en la que prevalecen los dispositivos electrónicos, las redes sociales y los formatos preferentemente audiovisuales que han desplazado el hábito de la lectura a un lugar muy secundario.

La lectura tiene, fundamentalmente en la etapa de formación intelectual de los niños, beneficios incomparables respecto de otras actividades lúdicas: amplía y organiza su universo de conocimiento –de sí mismo y del mundo que lo rodea-, lo ayuda a dominar el entorno real, fomenta su imaginación y capacidad de abstracción y desarrolla de manera notable y progresiva capacidades mentales como la memoria y el lenguaje.

La lectura abre universos impensados y maravillosos que una porción muy importante de las últimas generaciones se están perdiendo de explorar. Los libros son la fuente clásica de acceso a esos universos, pero también los dispositivos electrónicos sirven para tal fin, y aportan herramientas aún más eficaces para indagarlos y usufructuarlos. El hábito de la lectura de material formativo y recreativo de calidad es lo importante. El modo en el que se accede tiene, en todo caso, una importancia accesoria.

Luis cumplirá su sueño en breve. El programa universitario en el que pudo expresarlo organizó una campaña solidaria para finalmente conformar la biblioteca de la escuelita de Las Barrancas, que ya ha recibido la donación de varios centenares de libros de textos escolares, pero también de cuentos, novelas, ensayos, enciclopedias, revistas.

Seguramente hay muchos chicos como Luis, con sus mismos sueños y expectativas, pero también con limitaciones similares, relacionadas con situaciones de marginalidad socioeconómica y también territorial.

Las campañas solidarias son gestos valorables que deben aplaudirse e incentivarse, pero es el Estado el que debe garantizar que todos los chicos, no importa dónde vivan y el ingreso que tengan sus familias, puedan acceder al derecho de leer y gozar de esos universos de maravilla al que muchos hoy, todavía, tienen el ingreso vedado.

Fuente:elancasti


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