Es el punto más alto de la Ruta Nacional 40 y se convirtió en un imán para amantes de la aventura

Hay destinos que no se visitan solo por lo que se ve, sino por lo que se siente. En el Norte argentino, la ruta se convierte en aventura cuando la altura empieza a imponer sus reglas y el paisaje cambia por completo.
Este paso de montaña es uno de esos lugares que parecen de otro planeta: viento, ripio, cielo abierto y una inmensidad que impacta. El premio es una postal inolvidable y el orgullo de haber alcanzado uno de los puntos más extremos del país.
Aventura en altura: el tramo más alto de la RN 40 y un paisaje que parece de otro planeta
El destino es el Abra del Acay, un paso de montaña ubicado en el departamento La Poma, en la provincia de Salta, por donde cruza la Ruta Nacional 40. Es famoso por una razón contundente: allí la ruta alcanza su punto de mayor altitud, con señalización de 4.895 metros sobre el nivel del mar, lo que lo convierte en una parada soñada para viajeros aventureros, ciclistas y amantes de paisajes extremos.
Desde la ciudad capital, la travesía demanda cerca de 231 kilómetros hasta el paso (según referencias de ubicación y distancias habituales del recorrido). Para llegar, hay dos caminos clásicos: uno de los más usados es ir por la Ruta Nacional 51 hasta la zona de San Antonio de los Cobres y luego conectar con la Ruta Nacional 40 (tramo de ripio) rumbo al abra. Otra alternativa es combinar sectores de los Valles Calchaquíes para enlazar con RN 40, aunque el recorrido requiere experiencia y buen estado del vehículo.
Un punto clave es que se encuentra cerca de sitios muy visitados del norte salteño: está relativamente próximo a San Antonio de los Cobres y a la localidad de La Poma, y suele integrarse como tramo de rutas escénicas que conectan la Puna con los Valles Calchaquíes.
Incluso, la postal es de alta montaña: cerros inmensos, colores terrosos, viento constante y un cielo limpio que parece más cerca. La sensación de estar «en el techo del camino» es real: el oxígeno baja, el cuerpo lo siente y el paisaje se vuelve protagonista absoluto.

El tramo no es para improvisar: gran parte del recorrido es de ripio y puede cambiar según el clima. La altura extrema obliga a ir con tiempo, frenar, hidratarse y escuchar al cuerpo. Por eso se recomienda hacerlo de día y con el vehículo en excelentes condiciones.
En el punto más alto suele haber carteles viales y apachetas, esas montañitas de piedras que forman parte de una tradición andina. Para muchos viajeros, es un lugar de ritual: sacar fotos, agradecer el camino, meditar y seguir camino.

Lo eligen tanto quienes hacen la Ruta 40 como quienes buscan un objetivo extremo para ciclismo de altura, travesías en 4×4, fotografía y turismo de naturaleza. No hay grandes servicios: el atractivo es la experiencia del cruce y la inmensidad.
Cabe mencionar algunas recomendaciones claves: a esta altura, la planificación lo es todo: abrigo incluso en verano, protector solar, agua, algo liviano para comer y chequeo mecánico. En días de lluvia puede haber cortes, y el viento suele ser fuerte.
Es una de las experiencias más intensas del norte argentino: carretera en altura, paisaje monumental y un desafío real, ideal para quienes buscan salir del circuito clásico y sumar una aventura épica a su viaje.
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