Jun 5, 2019
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Inició el debate por trata de personas en el local Mao-Mao de Belén

Su testimonio se incorporó por lectura. Una de ellas es extranjera. Ana Rosa Lencina y su hijo Carlos Guzmán están imputados por este delito. En la primera audiencia, ambos se abstuvieron de declarar.

“Comencé a trabajar por necesidad”, había reconocido “Romina”, una mujer que había sido rescatada en junio de 2016, en el marco de un operativo por “trata de personas”, en el local Mao-Mao, en Belén. El local era propiedad de Ana Rosa Lencina. Junto a “Romina” se rescató a otras dos mujeres. El banquillo de los acusados del Tribunal Oral Federal (TOF) estaba ocupado por madre e hijo. Ana Rosa Lencina y Carlos Guzmán debían responder por el delito de “trata de personas”.

Los acusados están asesorados por el abogado Luis Armando Gandini. El TOF está integrado por los jueces Enrique Lilljedahl, Juan Carlos Reynaga y Adolfo Raúl Guzmán. El Ministerio Público Fiscal es representado por el fiscal Rafael Vehils Ruiz, acompañado por la auxiliar María Correa. La ONG No a la Trata de Personas, cuya referente es Ana María Contreras, se presentó como querellante, con el asesoramiento de la abogada María Romano.

Frente  a los magistrados, Lencina (65) reconoció que trabajaba como “prostituta” y aseguró que jamás tuvo antecedentes. Sin embargo, la mujer se abstuvo de declarar y se leyó lo que había declarado oportunamente en la etapa de investigación. Había contado que es oriunda de San Juan y que a los 37 años se había separado. Entonces, comenzó a trabajar en Catamarca y tres años después llegó a Belén. Luego de varios meses, obtuvo independencia laboral y tenía una casa para trabajar. Según la acusada, “las chicas” se quedaban con el 100 % de los pases y con el 50 % de las copas. Además, aseguró tener habilitación municipal.

A su turno, Carlos Guzmán también optó por el silencio por lo que se leyó su declaración hecha durante la investigación. Aseguró que su madre era la propietaria del local en cuestión. A la vez, dejó en claro que de acuerdo con los dichos por su madre, “las chicas iban por voluntad propia”. El acusado dijo tener un bar que funcionaba como hostel en la temporada del Rally Dakar y que le facilitaba el servicio de wifi. También remarcó que no hubo violencia ni maltrato. “Mi mamá las consentía cocinándoles lo que les gustaba”, comentó.

Testimonios
En la lista de testigos se encontraban dos mujeres, “Juana” y “Romina”, que habían sido rescatadas de Mao-Mao. Sin embargo, las mujeres –a fin de ser resguardadas- no se presentaron pero se leyó lo que habían declarado en la etapa de investigación.
“Juana” es de nacionalidad dominicana y dijo haber llegado a ese lugar “por una compañera”. De esta manera, obtuvo el contacto “de la señora Ana”. “Ella me pagó el transporte y me dijo que no había mucho trabajo”.
Según precisó en su relato, se quedaba con el 50 % de las copas, que tenían un valor de $150; cada pase tenía un valor: 10 minutos, $400; 30 minutos, $600 y una hora, $1.200. “Juana” reconoció que vivían en el local y que tenían libre acceso a la casa. “Lo que ganaba era para mi madre y mis hijos en República Dominicana”, expresó.

En cuanto a su dinero, reconoció que no lo podía tener y que lo tenía Lencina. Al momento del operativo, pidió ser incluida en el Programa Antiimpunidad. “Quiero salir de esto”, dijo. “Romina” contó que había estado en distintos lugares, como en La Torre –una whiskería que se encontraba en Tinogasta-. “Comencé a trabajar por necesidad”, admitió. Si bien en un primer momento no quiso ser incluida en ningún programa, luego dijo que sí, debido a que fue diagnosticada por esquizofrenia.

Ambas mujeres contaron su paso por varias whiskerías, como Moroco, Maná, La Torre, La Marta, El Altillo y La Marcela. Contaban su experiencia en cada lugar y cómo, mediante contacto de otras «compañeras», conseguían trabajo en otros lugares.
La declaración de testigos se realizó en dos horarios, por la mañana y por la tarde. Luego, se pasó a un cuarto intermedio. La audiencia se reanuda hoy, con una nueva ronda de testigos. 

Operativo de rescate en una fría madrugada de Belén

En la madrugada del 11 de junio de 2016, por disposición de la Justicia Federal, se concretó un allanamiento en la whiskería Mao-Mao en la localidad de Belén. En el marco de ese procedimiento, dos mujeres fueron rescatadas. En el lugar encontraron a dos mujeres, una de nacionalidad dominicana y otra procedente de la provincia de Córdoba, que habrían sido explotadas con fines sexuales. También encontraron libros de «pases», una gran cantidad de preservativos y gel íntimo. Como responsables del lugar, se detuvo a una mujer conocida como «La Gorda Ana», quien quedó alojada en la Comisaría de la Mujer, y a su hijo, quien había quedado a disposición de la Justicia pero en su domicilio, ya que hacía poco había sido operado de una hernia. Según se explicó, el lugar funcionaba de manera esporádica y abría o cerraba según si «conseguían mujeres» para explotar o no. De esta manera habría funcionado un promedio de 20 años.
La División Trata de Personas de la Policía de la Provincia había estado a cargo del trabajo de inteligencia. No obstante, las investigaciones habían sido cuestionadas desde que un fallo de la Justicia de Tucumán puso en duda el accionar de la Policía local a la que consideraría cómplice de estos hechos.

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