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Investigadores estudian la vida de hace más de mil años en Antofagasta de la Sierra

Un grupo de arqueólogos, biólogos y otros profesionales del CONICET analizan cómo vivían las familias y comunidades que habitaron hace aproximadamente 1.000 años atrás en Antofagasta de la Sierra. Estudian sus vínculos con la gente que habitó los valles del noroeste argentino y otras regiones distantes y el análisis abarca cómo se organizaban social y económicamente, qué comían, qué tecnologías usaban, cómo hacían sus objetos, entre otras cuestiones. En ese estudio descubrieron que muchas familias aún mantienen costumbres y ritos de sus antepasados.

 

Verónica Puente, arqueóloga de la UBA y actualmente investigadora del CONICET, le contó a EL ANCASTI la tarea que desempeñan desde 2015 junto al equipo de profesionales integrado por investigadores de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), docentes de la Escuela de Arqueología de la UNCA, investigadores del Instituto Nacional de Antropología y de Pensamiento Latinoamericano y profesionales de la UBA.

 

Las tareas se centran en la localidad de Paicuqui, con un proyecto financiado por la Agencia Nacional de Promoción Integrado. Estudian la forma de vida de las comunidades que habitaron en el 1.000 y 1.500 d.C. “Cada uno de los investigadores es especialista en análisis de algún tipo de evidencia en particular; son como distintas piezas de un rompecabezas que unimos entre todos para entender a las comunidades de Antofagasta de la Sierra.

 

Puente destacó que Antofagasta tiene una riqueza arqueológica enorme con una antigüedad que data de hace al menos 10.000 años de historia y además posee una excelente conservación del registro arqueológico, lo que permite llegar a generar información mucho más rica que en otros lugares.

 

“Esto nos permite investigar desde los primeros pobladores del continente americano hasta la época de la colonia. Hay toda una continuidad de miles de años de ocupación que nos habla de fuertes vínculos con gente de los valles o con el otro lado de la cordillera. En Antofagasta confluyen rutas de interacciones o viajes que conectan al Pacífico con los valles de la región” detalló.

 

Por ello se estudia a las familias que viven en las zonas de las quebradas donde observaron que muchos continúan con ritos y formas de ese período histórico. “Las familias que están habitando las quebradas continúan con su forma de vida de esa época. Son pastores, agricultores, caravaneros (grupos que transitaban distintas regiones para intercambiar productos y hacían rituales), hay sitios donde hay entierros humanos” contó.

Impacto

El objetivo de las investigaciones es generar información sobre las formas de vida de los antepasados. “El impacto principal que tiene es que en la comunidad actual de Antofagasta de la Sierra le darán un sentido a lo que ven a diario, entender qué ocurrió ahí”, remarcó Puente.

Por ello los investigadores dan charlas y trabajan con las comunidades sobre los descubrimientos, lo que permite también que se explote turísticamente el lugar y se lo pueda conservar, como el caso del Centro de Interpretación creado en Punta de la Peña. “La gente valora mucho el aporte que le podemos brindar sobre esas historias del pasado.

Dar a conocer ayuda a que se pueda valorar y si uno lo valora, lo cuida. Incluso les puede dar un ingreso económico. Si el turista no es dirigido, acompañado, puede destruir el patrimonio arqueológico, incluso sin intención» recalcó.


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