Juan de Dios Gutiérrez apeló para evitar el juicio por abuso sexual

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La defensa del sacerdote Juan de Dios Gutiérrez, acusado por “abuso sexual con acceso carnal agravado por ser ministro de un culto religioso”, recurrió a un recurso para evitar que se siente en el banquillo de los acusados. El martes de la semana pasada, el juez de Control de Garantías de Belén, Carlos Moreno, rechazó la oposición a juicio que Guillermo Narváez, defensor del cura, había presentado en febrero. Ahora, la Cámara de Apelaciones deberá dar un fallo al respecto.


El magistrado había elevado la causa a juicio a finales del diciembre del año pasado y, tras la feria, la defensa apeló. Tras el rechazo del planteo, elevó la causa a juicio una vez más pero, con la nueva apelación, el expediente toma otro rumbo. 


A finales de octubre de 2015, la madre de una adolescente se animó a denunciar por abuso sexual a un sacerdote en Belén, Juan de Dios Gutiérrez, quien entonces tenía 28 años. Su tenía hija de 16 años. El religioso fue imputado por el delito de “abuso sexual con acceso carnal agravado por ser ministro de un culto religioso”.


Para la elevación a juicio, entre los elementos probatorios había más de 8.000 mensajes entre el sacerdote y la adolescente, que tras las pericias –la clave de esta investigación- se convirtieron en prueba material contundente del abuso. En la fundamentación, el magistrado de Belén indicó que tales mensajes eran en ‘tono amoroso’ y los intercambiaban por las redes sociales, como Facebook, o por celular. Los informes psicológicos y psiquiátricos, señalaron a Gutiérrez como “un manipulador que confundió a la chica en esta historia en que él es el papá y ella la hija”. 


En este sentido, se explicó que el cura “hacía un juego para superar los preceptos religiosos y prejuicios de él. A pesar de eso, él la manipuló y se aprovechó. La confundió a la chica porque es un hombre mucho mayor que ella. En ese momento tenía 28 años y ella 16”. Los informes describieron a Gutiérrez como un “manipulador al punto de destruir la subjetividad del otro”. Para el magistrado, por este motivo el acusado pudo lograr su cometido.  En paralelo a esta situación, la chica se encontraba en una situación de vulneración, por cuestiones cercanas a ella. 


Pese a la imputación agravada por su condición de religioso y hombre de la Iglesia Católica, la defensa alegó que se trató de una relación consentida e insistió en los mensajes en ‘tono amoroso’, como si fuera un juego entre dos personas enamoradas pero, a la vez, puso énfasis en que no hubo violación porque se nota un enamoramiento mutuo.

 

La voz de una madre sobreviviente: “Esa sotana les da poder”

En febrero, cuando la defensa del religioso acusado de abuso apeló la elevación a juicio, la madre de la adolescente levantó su voz. “Son hombres con sotana y esa sotana les da cierto poder”, expresó.

Una vez que denunció el caso, la tranquila comunidad de Belén, a poco más de 325 kilómetros de la Capital, entró en una turbulencia. Algunos se manifestaron a favor del sacerdote y otros en contra. 


Así surgió un calvario y la familia decidió mudarse. Desde hace más de un año ya no residen en Belén. “Dejamos todo porque era elegir entre vivir en esa situación o salir para seguir viviendo. Somos sobrevivientes, mi hija más que todo”, aseguró.


“Aguantamos un año en Belén, de tortura y persecución por parte de la sociedad y de gente vinculada a la iglesia, como el grupo juvenil, en el que participaba mi hija. Había maldad y cizaña hacia nuestra persona”, recordó. Los abusos sexuales dejan secuelas y, como si fuera poco, el estigma no solo hizo mella en lo profundo de la adolescente, sino que también afectó a su hermana melliza. La comunidad donde nacieron y crecieron se puso en su contra. Belén se convirtió en una suerte de campo de batalla, con marchas y contramarchas, a favor de unos y de los otros. Si la familia de la chica organizaba una marcha para pedir justicia, surgía una contramarcha para apoyar al sacerdote acusado de abuso. 


“Prácticamente mis hijas sufrieron bullying en la escuela, donde no se tomaron las precauciones correspondientes. Ellas sufrieron violencia física y psicológica también. Aguantamos un año para que terminen el último año de secundaria. Por mi parte también organicé marcha por justicia y para que lo pongan preso al cura. Ellos decían que las marchas eran para rezar por ambas familias pero nosotros nunca recibimos invitación para participar de esa marcha”, explicó. 


El sacerdote se encuentra en libertad, pese a la imputación que pesa sobre él. Consideró que solo demora el proceso. A pesar de la agresión sufrida por el religioso, la madre diferencia entre la iglesia como institución de la iglesia como fe. “Uno puede tener fe y no pertenecer. Yo no considero que pertenezca a la iglesia católica pero sigo con fe en un Dios Todopoderoso que me da fuerza. 


Ya no me identifico con la iglesia y su proceder”, comentó.

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