May 23, 2016
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Londres Catamarca

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londrescatamarcaLONDRES, Catamarca.- La reina María Tudor de Inglaterra, esposa del español Felipe II, nunca conoció este pueblo del suroeste catamarqueño, que los españoles nombraron en su honor para recordar la ciudad donde nació la soberana. Una lástima, porque le habría gustado.

Casas bajas de adobe con puertas muy bajas; frentes en que alternan los colores pasteles con algunos violetas y verdes; dos plazas, dos iglesias, muchos nogales y ruinas incaicas componen un paisaje detenido en el tiempo.

En la plaza central, los artesanos ofrecen tejidos, dulces regionales, tortillas cocinadas a las brasas y nueces confitadas. Por allí deambula el espíritu del cacique calchaquí Juan Chelemín, descuartizado después de ser derrotado por los españoles en el alzamiento de 1636. Es curioso, pero no hay ningún monumento o placa que recuerde el hecho, sólo los contadores de historias.

La población es un buen punto de partida para recorrer la zona centro oeste de Catamarca, por la ruta 40, atravesando pequeñas localidades y un paisaje de montañas, quebradas y cardones.

Apenas a cinco kilómetros de la plaza de Londres se abre la oportunidad de conocer parte del Camino del Inca que se extiende hasta Perú. El Shincal de Quimivil -también llamado pequeño Cuzco- es un sitio arqueológico netamente inca, una réplica de la arquitectura cuzqueña. En la Argentina hay otros en Aldalgalá (Catamarca), La Paya (Salta) y Tilcara (Jujuy), pero el Shincal fue capital de provincia, un centro administrativo y distribuidor de recursos.

La antropóloga Paula Espósito es una de las guías que acompaña a los visitantes a recorrer el lugar y conocer su historia. Bonaerense, egresada de la Universidad de La Plata, es la responsable del sitio arqueológico. Fue una de las encargadas de presentar el libro Una capital inka al sur del Kollasuyu. El Shincal de Quimivil, que compila el trabajo de Rodolfo Raffino, antropólogo, investigador del lugar.

Entre los sonidos de la naturaleza y los de algunos tambores de quienes suelen acercarse a cumplir ceremonias, se aprende acerca de las costumbres de los cerca de 600 diaguitas que vivieron allí y que fueron absorbidos por la cultura inca.

Los morteros múltiples -donde se molía maíz, algarroba, poroto y papa- están repartidos por todo el espacio, incluyendo la kancha (un patio central con viviendas alrededor). Una parada en el ushnu servirá para conocer cómo eran las ceremonias de comidas y los sacrificios de animales. Los mayores atractivos son la kallanka (el galpón o administración) del que se conservan intactas las dos puertas de los extremos y las “escaleras al cielo”, construidas por los incas para acceder a los cerros.

Espósito cuenta que a inicios del 1900 comenzaron las investigaciones en el Shincal (el nombre es el del arbusto que cubría toda la zona): “Sin duda es al arqueólogo Rodolfo Raffino a quien más le debemos, porque logró rearmar el plano completo de estas construcciones que fueron levantadas entre 1470 y 1536”.

Fue el equipo de Raffino el que, durante los trabajos de recuperación del kocha (piso del lugar donde se hacían las ofrendas líquidas), encontró un pozo de época posincaica, con ofrendas como cuernos, instrumentos musicales y herramientas metálicas. “Fue la base para investigar la presencia española y las luchas contra los calchaquíes”, agrega.

Michelle Obama lo usa

Antonia Gutiérrez es una de las decenas de tejedoras que le dan a Belén (a 15 kilómetros de Londres) el título de “cuna del poncho”. Su nombre se hizo conocido porque la primera dama de los Estados Unidos, Michelle Obama, recibió una manta de vicuña artesanal confeccionada por ella. Se la regaló Juliana Awada cuando visitó el país en marzo.

Gutiérrez integra la Asociación Hilanderas y Tejedoras que produce prendas artesanales de vicuña procedente de las esquilas realizadas en el oeste de la provincia de Catamarca. Un poncho de doña Petrona Molina, otro miembro de la entidad, terminó en manos del papa Francisco. Son las mujeres quienes perpetúan la tradición.

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El arte de tejer lana de vicuña y alpaca.

Nina, Teresita, Elizabeth, Andrea y Karina siguen esa historia. Forman parte de la cooperativa Arañitas hilanderas, que nació hace siete años como un emprendimiento que gira alrededor de las artesanías. Ellas limpian la lana (de vicuña, oveja y llama), la hilan, hacen madejas, tiñen con productos naturales (cáscara de cebolla, de nuez, té de sauco) y tejen en telares.

“Veía a mi abuela hilar lana de conejo -recuerda Elizabeth- y yo jugaba con eso porque no había otra cosa, pero recién aprendí acá, con las más grandes, que traen el tejido como una herencia familiar.”

Una caminata hasta el monumento a Nuestra Señora de Belén, que está en el cerro a 300 metros de altura, ofrece una vista completa del pueblo. Su imagen está en la iglesia frente a la plaza, que se inauguró en 1907, con frente de ladrillos y un interior de arcadas, blanco nieve.

Al frente está el Paseo Artesanal, con puestos que representan la diversidad de oferta de la zona en tejidos, cerámicas, maderas y dulces. Muy cerca, el museo Cóndor Huasi cuenta con una completa colección de 3000 piezas de cerámica, hueso, piedra y metal de las culturas Ciénaga, Cóndor Huasi, Aguada y Belén.

Una visita a Belén debe incluir -“obligadamente”, señala su gente- la degustación de algunas de sus comidas típicas. Antonio Gutiérrez, dueño del bar La Cueva, hace de guía en estas lides. Recomienda el locro, el mote (maíz y porotos macerados), la poleada (una especie de polenta menos espesa) y el gijote, uno de los platos catamarqueños más tradicionales. “Hace un siglo los peones de campo no querían repetir comidas; así, los sábados hacían un plato que eran capas de todos los restos de la semana. Una de migas de pan, otra de cebolla, otra de huevos, otra de zanahorias o calabaza, otra de carne. Así nació el gijote”, describe y convida las empanadas que cocina su esposa, Sonia. Si pasa por Belén, no se las pierda.

Los Gutiérrez son una familia muy conocida en Belén. El padre, don Antonio, fue pionero en la confección y venta de hilados; antes fue cocinero y enseñó ese arte a su esposa, que lo fue transmitiendo a las nueras.

“Los Antonitos” es el local de artesanías más grande de la ciudad; lo atiende Daniel, hermano del Antonio cocinero. En una finca cercana realiza todo el proceso de confección de ponchos y ruanas. “Mi papá aprendió de muy chico, cada noche hilaba dos vellones de lana; nosotros aprendimos con él”, resume mientras despliega colchas y piezas de telar.

A 60 kilómetros al norte de Belén está Hualfin. Paisaje árido, tierras coloradas y un curioso cementerio multicolor al lado de la ruta dan la bienvenida al lugar. En el pueblo se destacan las vides, las aguas termales y una capilla de 1767, Nuestra Señora del Rosario, de la que Juana -quien vive atrás, a pocos metros- tiene la llave y la voluntad de abrirla si la dirección de Turismo está cerrada.

Datos útiles

Cómo llegar

Desde San Fernando del Valle de Catamarca hasta Belén se llega por la Ruta Nacional 38, al llegar a Chumbicha se toma la 60 y después de cruzar las ciudades riojanas de Mazán y Aimogasta, se alcanza la ruta 40 que lleva directo a Londres, Belén y Hualfin.

Dónde dormir

En Belén, el Hotel Belén es muy recomendable. Bien ubicado y acondicionado, ofrece habitaciones dobles desde 500 pesos con desayuno incluido. En Londres las opciones son hosterías y cabañas desde 250 pesos la noche. En Hualfín, en la hostería municipal Juan Chelemín cuesta 250 pesos la habitación individual y 350 pesos la doble.

Dónde comer

Los platos típicos de la región son más fáciles de encontrar durante los fines de semana. En Belén, 1900, Gerónimo y el Hotel Belén tienen un menú variado desde los 100 pesos por persona. Para empanadas, de pie o para llevar, La Cueva. En la hostería Chelemín en Hualfin se come bien, platos rápidos en un ambiente familiar.

Qué comprar

Los ponchos y ruanas artesanales cuestan entre 800 y 3000 pesos, dependiendo la lana y el tamaño (las de vicuña y alpaca son las más caras); los dulces regionales rondan los 50 pesos.

Qué visitar

Las ruinas de El Shincal abren a las 9, hay visitas guiadas; la entrada cuesta 35 pesos. En Belén, el museo Cóndor Huasi abre de 8 a 13.30 y de 17.30 a 20.30 diariamente; la Feria de los Artesanos está desde media mañana hasta las 21.

 

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1900514-de-londres-a-belen-sin-salir-de-catamarca

Seccion:
Locales

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