Oct 7, 2018
384 Views
0 0

Los Hilos del Viento

Publicado por

A 2.300 metros de altura, “donde el frío quema y reseca la piel”, un sueño se hizo canción en el afán de mostrar la vida del hombre de la Puna catamarqueña. Ahí, en la inmensidad del paisaje, rodeados del silencio y el misterio, hijos de esas tierras, enamorados de lo suyo, plasman en sus letras y melodías costumbres ancestrales y una identidad a flor de piel. 

Fiel a una búsqueda, que hoy comparte con sus compañeros Ramón Gutiérrez, Héctor Salgado, Juan Salgado, Manuel Álvarez y Luciano Guerra, el músico y cantautor Genaro Gutiérrez dio origen, a mediados de 2010, al conjunto andino “Los Hilos de Viento”.

Ellos tejen con su música historias de vida reales que describen el quehacer cotidiano en Laguna Blanca, su tierra natal, de cuyas entrañas emergen los rasgos culturales de nuestros antepasados cobrando fuerza en pleno siglo XXI.
 

Hablar de “Los Hilos del Viento” es mirar a Laguna Blanca, pueblo ubicado a 180 kilómetros de la cabecera departamental de Belén, y a 445 de la capital catamarqueña. Es zona de la Puna, término derivado de la lengua quechua, que hace referencia al terreno elevado que se yergue cerca de la majestuosa cordillera de los Andes. 

De la mano de Genaro Gutiérrez, líder y gestor del grupo, desandaremos el camino emprendido, duro en sus inicios, con altos y bajos, que hoy se consolida. Su pasión por la música y su terruño los llevó a desplegar eso que anida en lo profundo del ser y se traduce en estrofas, estribillos y melodías. 

Haciendo un poco de historia,  trae a la memoria aquel taller que ofreció, motivado al ver las aptitudes de los chicos del lugar.

“Siempre viví en Laguna Blanca, hice primaria y secundaria en Belén, después me fui a estudiar en Catamarca, y se me da la posibilidad de trabajar como docente de música en la escuela de Aguas Calientes, más allá de Laguna. Así, en el 2008, 2009, como los fines de semana bajaba de Aguas Calientes, porque toda mi familia estaba en Laguna Blanca, tuve la iniciativa, en conjunto con el delegado municipal en ese entonces Isaac Casimiro, de hacer un taller abierto de instrumentos como charango, guitarra, bombo y un poco de vocalización también, con chicos de la zona. Vi una necesidad grande por las condiciones que tenían, y no podía dejar que esto pase desapercibido. Lo hacía los sábados, ad honorem, no les cobraba nada; duró cuatro meses, de septiembre a diciembre”, dice.

“El 20 de noviembre de 2010, en Laguna Blanca, se hacía un evento que reunía a jóvenes del interior, a través del Proyecto de Desarrollo Rural del Noroeste Argentino (Prodernoa), programa que trataba de valorar lo que hace la gente del interior en cuanto a tejidos, artesanías, producción y demás. Estaba invitado Rubén Patagonia para dar su show y unos talleres. Durante los meses previos ya venía con la idea de formar un grupo de Laguna Blanca, porque antes fui solista. Lo preparo con los chicos y cuando llega el encuentro de jóvenes en Laguna Blanca decidimos presentarnos. Ese mismo día ensayamos cinco o seis temas”.

Continuando con su relato,  Genaro cuenta cómo surgió el nombre del grupo. “Salieron varias propuestas de mis compañeros Ramón Gutiérrez y Juan Salgado, quienes están desde los comienzos, en ese tiempo tenían 14, 15 años, y no nos salía ninguno. Pensaba en algo que identifique lo que hacemos con los instrumentos de viento, pero no sabía qué, y como estábamos vestidos con ponchos, porque hacía frío, nació Los Hilos del Viento. Le digo a los chicos, les gustó, nos anotamos y salimos. A todos les llamó la atención el nombre, y cuando cantamos fue un revuelo”, manifiesta. 

El título fue inspirado en las características climáticas del lugar y en la forma principal de subsistencia de su gente desde tiempos remotos,  que consiste en el hilado y producción de artesanías, como ponchos, chulos, chales, chuspas, de la fibra de vicuña, especie protegida de la Reserva de la Biosfera de Laguna Blanca; también de llamas y ovejas de las familias del lugar; respetando costumbres ancestrales transmitidas de generación en generación.

El músico y cantautor puneño apunta que “el 20 de diciembre es el cumpleaños de Belén, y querían que el grupo de Laguna Blanca toque durante el acto central en la plaza. Busqué a los chicos en la localidad, a 180 kilómetros de Belén, el camino era de tierra la mayor parte, vinimos y cuando nos presentamos nos miraban raro, porque hacía un terrible calor y estábamos con ponchos, chulos y todo lo demás. Pero cuando empezó a sonar, todo el mundo se paraba, nos aplaudía y nos pedía otra y otra, y teníamos pocos temas preparados. Debimos repetir el primer tema y presenté al grupo. Al otro día era el comentario por todos lados. Ese fue el inicio de todos los festivales posteriores que venieron en ese 2011”.

Confiesa que los comienzos no fueron fáciles. “Si bien empezamos con chicos de 10, 12 años, que tocaban el bombo, era una responsabilidad enorme trasladarnos, no teníamos medio de movilidad, pedíamos las camionetas a la municipalidad y pagábamos el combustible. Fue bastante duro el inicio, a veces íbamos a cantar gratis, no nos dejaban cantar, nos pasaban para el otro día, hemos vivido situaciones pésimas hasta que pudimos ganar un espacio”

En ese rumbo emprendido, “en el 2012 ya no nos podían parar, todo el mundo nos llamaba y recién sentimos el respeto hacia el grupo; pero nos costó, sobre todo en Belén, porque no aceptan que la gente del interior venga por prejuicios”.
Las edades de los integrantes actualmente van de los 17 años a los 36 años, “yo soy el mayor y el fundador del grupo”, dice

Genero, agregando que “después está el chico de la percusión que tiene 18, el de los vientos, 17, y los otros, 28, 30 y 33 años”.
Asevera que “empezamos con chicos de 10, 11 años, que luego dejaron, porque se les dio la posibilidad de elegir y terminaron inclinándose por el fútbol o alguna otra actividad”.

“Siempre fuimos siete integrantes, bombo, guitarra, charango y vientos. Recién incorporamos el bajo en el 2014, con un chico de Belén, aunque primero éramos todos de Laguna Blanca”, afirma, no obstante algunos se alejaron, “sentí mucho cuando se abrieron. En la actualidad somos seis, cinco de Laguna Blanca, y el chico que toca el bajo, que es de Santa María, porque el de Belén hizo una banda de cumbia. La base del grupo es de Laguna”.

Durante estos años manifiesta que “buscamos la forma de mantener un grupo sólido y vigente, es difícil, en un momento tuvimos auge y también bajones. Gracias a Dios hoy seguimos bien consolidados y más fuertes que nunca”.

El líder de Los Hilos del Viento caracteriza lo que hacen como “música del altiplano, es un estilo más bien autóctono, que se mantiene desde hace muchos siglos, después de la llegada de los europeos se fusionaron y se perdieron muchos estilos autóctonos. Entonces, este estilo se sayas, de tinkus, si bien no es propio del Noroeste Argentino, sino más de Bolivia y Perú, por las características está en esta parte de nuestro país. Por eso utilizamos los instrumentos de viento, la mayoría quena, sikus, toyo o zanca, que son instrumentos autóctonos, porque se los fabrica en el lugar”.

Con el tiempo fueron adquiriendo experiencia y hoy pueden hacer sus propios instrumentos de viento, pero acá es difícil conseguir material, sobre todo la caña.

 

Producciones discográficas

Con relación a la producción discográfica, Genaro afirma que “tenemos dos discos grabados, en el 2013, 2014 hemos lanzado nuestro primer material ‘Soy de la Puna’, y este año el segundo, que lleva el título ‘Canto a Laguna Blanca’. De este último no hicimos una presentación formal, pero en febrero lo presentamos a través de las redes sociales y  los medios de comunicación y tuvo mucha repercusión”.

“Nuestro sueño era grabar un material, un disco, y en eso nos apoyó el intendente de Villa Vil, Ramón Villagra”, reconoce.
Y comenta que “tenemos seis temas propios y vamos a seguir produciendo otros, pero primero queremos patentarlos en Sadaic y recién grabarlos para difundirlos. La idea es hacer unos videoclips en el lugar de origen como hicimos con el tema ‘A mi padre’, que la letra hable con las imágenes de las señaladas, las campeadas, las chimpeadas, la corpachada, que son tradiciones que se están perdiendo y queremos revalorizarlas para que se transmitan de generación en generación”.

 

Los temas

Respecto del contenido de los temas, destaca que hacen referencia a “las costumbres, sobre todo, por ejemplo, ‘A mi padre’ es la vida de un señor que va a las salinas, busca la sal, viene a Belén, hace el trueque o el cambalache, cambia por mercadería y lleva el pan a su casa. ‘Coya’ habla de un pastor que viene con las llamas, esquila, hace sus chulos, sus ponchos y anda de ojotas, son las características de cómo vive la gente en el lugar. ‘Soy de la Puna’ dice de arriba vengo, soy de la Puna, con la cara quemada por el sol, las manos curtidas por el frío. Después tenemos una poesía que habla de Laguna Blanca, plasma cómo vive realmente un niño en el pueblo, cuida la hacienda, sale al campo, trae su leña, busca su abrigo, cava un pozo para buscar agua, a veces tiene sed y no sabe qué hacer, se le parten los labios del frío, del hambre, marca toda la vida de lo que es nuestra zona”. 

Genaro Gutiérrez  revela con el corazón abierto que “amamos nuestro lugar de origen y quizás eso nos lleve a expresarnos con determinados temas o con la música, con mucho sentimiento y orgullo. Fuimos cuestionados un montón de veces por la ropa que usamos, salimos con ojotas, medias de lana, ushutas, la chuspa, que tenemos colgada en el pecho. Esto marca cómo vive todos los días el hombre en la Puna”.

 

Galardonados
 

Revelación del Festival del Poncho 2013, Ganadores del Pre Yokavil 2014, así como de las ediciones del Pre Cosquín 2014 y 2015, Los Hilos del Viento han recorrido distintos escenarios de la provincia y el país, siendo reconocidos en el Festival de la Pachamama en Amaicha del Valle, y participado en el V Congreso Mundial de Quinua en la provincia de Jujuy representando a la provincia de Catamarca.

 

“A través de la música mostramos nuestra forma de vida”

Sin dudas, la Puna catamarqueña, su paisaje y su gente son motivos de inspiración de Los Hilos del Viento, por eso le pedimos a Genaro Gutiérrez que nos hable de ese lugar en el mundo que ellos aman y transmiten a través de la música. Así la describe:

“Laguna Blanca está ubicada a 3.200 metros de altura, y a 180 kilómetros de la cabecera departamental de Belén; es una zona pre Puna caracterizada por ser una de las reservas de la biosfera donde se conserva vicuña, y se hace la esquila al estilo tradicional. Los pobladores, en su mayoría, son pastores de ganado de llama,  cabras, ovejas, tejen sus ponchos, desde chiquitos saben hacer sus bufandas, medias y guantes, se dedican a la artesanía”. 

 “Las casas son muy rústicas, tienen ventanas chicas y puertas bajitas por el viento, en su mayor parte son de adobe; el techo es de caña o de paja y barro porque funciona como térmica en el frío y el calor. Esas son más o menos las características de la zona de Laguna Blanca. Y alrededor tenemos un cordón montañoso que colinda con Antofagasta de la Sierra, es uno de los picos que visita mucha gente, turistas, tiene más de 6.020 metros, es la zona de los Seismiles, dentro de esos está Laguna Blanca”.

“Casi todo el año hace frío, corre mucho viento en invierno, y por esas características del lugar nace el nombre Los Hilos del Viento, porque como hilos somos hijos de esta tierra y así lo sentimos con mucho orgullo y sentimiento; y también los hilos hacen referencia a la artesanía que nos cubre y nos identifica, que son los ponchos y los chulos, siempre adonde vamos son nuestros compañeros. Entonces los hilos vendríamos a ser todos nosotros y el viento la Puna que nos acompaña”. 
“A través de la música encontramos el camino para mostrar nuestras costumbres, nuestras vivencias, nuestra forma de vida, si bien por ahí no te valorizan, nuestro objetivo es transmitir las canciones que escriben los autores de acá”. 

 

Transmisores de la cultura no letrada

Gutiérrez afirma que “nos sentimos transmisores de la cultura no letrada, que no está escrita y se transmite de boca en boca y de generación en generación, y la música tiene un papel fundamental para llevar estos valores, la identidad de esta cultura, para que no se pierda”, enfatiza y resalta que “muchos jóvenes escuchan nuestra música, quizás se identifican con el lugar, se sienten parte o les gusta el estilo, los arreglos o las voces, pero hay algo que les llega”.

 

¿Cómo sentís la música? 

 – Desde edad muy temprana despertó en mí la atracción por la música sin que tenga familiares músicos. A los 6 años me gustaba cantar, de hecho salía al campo y volvía cantando, y en las épocas de los carnavales veía cómo la gente mayor se reunía y cantaba en ronda la vidala con la caja horas y horas, y rondaba el ganado cantando con la caja en época de carnaval, de Pascua, y quizás eso me hizo afirmar más esto en la juventud y querer un poco más todo esto. Y siempre mi sueño fue tocar instrumentos, cantar, transmitir lo que siento, porque creo que la vía es la música”. 
“En la etapa de la juventud aprendí a tocar otros instrumentos como la guitarra, el charango, y lo sentí de otra forma, ya andaba cantando de un lugar a otro como solista. Y en Catamarca aún más, porque siempre seguía a los grandes  artistas, tuve la oportunidad de que me enseñara un poco de viento Carlos Galleguillo, el hermano de Sergio Galleguillo. Quería tomar clases pero no podía pagarlas y me daban la oportunidad, lo mismo me pasó en el Instituto Rubinstein. Juan Ignacio Molina, en el 2008, vino a Laguna Blanca y nos dictó un taller que nos ayudó a fundamentar a través de la teoría musical. Mi sueño fue estudiar y ahora soy docente de música, hago lo que me gusta”.
Genaro apostó a la música y se formó. “El 31 de julio me recibí de profesor de Música en Belén, estaba trabajando y en el 2014 renuncié a la escuela de Aguas Calientes sin importarme y me viene a Belén a estudiar. Tengo tres hijos, dos de los cuales son chiquitos, y mi señora trabaja en Belén. Sentía que estando en las escuelas me faltaba un poco más de pedagogía o didáctica, pero vivía la música dentro mío”.
“Voy y vuelvo contento a la escuela, y percibo lo mismo en los chicos, todos quieren cantar las canciones, todos se quieren vestir de la forma en que lo hacemos los integrantes de Los Hilos del Viento, nos preguntan por qué el poncho, el chulo, las ushutas, o esta canción”, confiesa con entusiasmo.

 

Por mérito propio

La experiencia que vive el grupo “es hermosa, porque lo que logramos fue por mérito propio, ya que no tenemos representantes, ni productores. Yo digo que hay que ir escalón por escalón, el tiempo lo dirá todo, si llegamos a lugares o escenarios, y si no seguiremos luchando por lo nuestro. Nos gusta hacer y transmitir siempre las canciones de las cosas reales y de las que no son conocidas. Es una constante revolución que arma el grupo adonde vamos, sin pensarlo”.

Palabras Claves:
Seccion:
Espectáculo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.