Rio Tinto cerró 2025 con ingresos por u$s57.638 millones y acelera su apuesta al cobre y al litio

La minera angloaustraliana Rio Tinto presentó sus resultados correspondientes a 2025 con cifras que reflejan solidez operativa y un marcado giro estratégico hacia minerales clave para la transición energética. La compañía informó ingresos por u$s57.638 millones, lo que representa un incremento interanual del 7%, impulsado por mayores volúmenes de producción y una cartera cada vez más diversificada.
El EBITDA subyacente alcanzó los u$s25.363 millones (+9%), mientras que el flujo de caja operativo se ubicó en u$s16.832 millones (+8%). Las ganancias subyacentes totalizaron u$s10.868 millones y el beneficio neto atribuible fue de u$s9.966 millones, una caída del 14% frente al año anterior, principalmente por mayores cargas impositivas y variaciones de costos.
En cuanto a la política de retornos, la empresa distribuyó dividendos por u$s6.500 millones, manteniendo un payout del 60%, en línea con su estrategia de sostener remuneraciones atractivas para los accionistas.
El director ejecutivo, Simon Trott, destacó durante la presentación que la compañía atraviesa una etapa de expansión con foco en el cobre: “Estamos creciendo hoy, y luego tenemos el crecimiento equivalente de cobre del 3% hasta 2030”. Por su parte, el CFO Peter Cunningham subrayó el posicionamiento en minerales críticos: “Tenemos los activos correctos y las materias primas correctas”.
El mineral de hierro volvió a ser el principal generador de caja. En Pilbara, la producción alcanzó 327,3 millones de toneladas, con ingresos por u$s28.989 millones y un EBITDA de u$s15.194 millones.
Sin embargo, el cobre fue el gran protagonista del ejercicio. La producción consolidada aumentó 11%, hasta 883 mil toneladas, con ingresos por u$s13.729 millones y un EBITDA de u$s7.369 millones, más del doble que en 2024. La finalización del desarrollo subterráneo de Oyu Tolgoi fue uno de los hitos destacados del año.
En aluminio, la producción llegó a 3,38 millones de toneladas y el EBITDA del segmento creció 29%, hasta u$s4.574 millones.
El litio se consolidó como el negocio emergente del grupo. La producción alcanzó 57 mil toneladas de carbonato de litio equivalente (LCE), con récords operativos tras la integración de nuevos activos, entre ellos la adquisición de Arcadium Lithium por u$s6.700 millones.
Argentina ocupa un lugar central en esta estrategia. La compañía opera proyectos clave en Catamarca, Salta y Jujuy, y proyecta alcanzar una capacidad de 200 mil toneladas anuales de LCE hacia 2028.
En Catamarca, el proyecto Fénix avanza con su fase 1B, que sumará 10.000 toneladas adicionales con tecnología de extracción directa (DLE), con una inversión de u$s633 millones y una vida útil estimada de 40 años. También desarrolla Sal de Vida, con una capacidad prevista de 15.000 toneladas anuales.
En Salta, el proyecto Rincón —que ya obtuvo adhesión al Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI)— contempla una inversión total de u$s2.500 millones y una capacidad de 60.000 toneladas anuales. En Jujuy, la empresa participa en Salar de Olaroz y proyecta el desarrollo de Cauchari, con potencial de 25.000 toneladas adicionales.
La deuda neta se elevó a u$s14.362 millones, desde los u$s5.491 millones del año anterior, reflejando la etapa de expansión y adquisiciones estratégicas. El retorno sobre capital empleado (ROCE) se ubicó en 16%, aún en niveles considerados saludables para la industria.
Rio Tinto proyecta beneficios de productividad por u$s650 millones anualizados hacia el primer trimestre de 2026 y mantiene su objetivo de crecimiento compuesto del 3% anual en producción equivalente de cobre hasta 2030.
Con un portafolio cada vez más orientado a metales críticos para la electrificación global, la compañía inicia un nuevo ciclo donde la disciplina financiera convive con una ambiciosa agenda de expansión, posicionándose como uno de los jugadores centrales en la transición energética mundial.
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